- CONTEXTO HISTÓRICO, SOCIAL Y POLÍTICO
La proclamación de la Segunda República, el 14 de abril de 1931, supuso romper con el reinado de la monarquía borbónica, regida por el rey Alfonso XIII (1906 - 1931), así como poner fin a la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923 - 1930).
Durante el último periodo del reinado de Alfonso XII y durante el mandato de su hijo Alfonso XIII, se produjeron todo un seguido de acontecimientos nefastos para España (1) que generaron un clima hostil contra la monarquía en muchos sectores sociales. El último de ellos, el apoyo de Alfonso XIII al golpe de estado de Primo de Rivera, que vino a poner fin al periodo del turnismo entre liberales y conservadores.
Tal descontento se extendía desde los propios partidos dinásticos y algunos sectores del ejército, hasta los partidos republicanos y organizaciones anarquistas obreras como la CNT. De forma cada vez más generalizada se iba extendiendo un fuerte sentimiento social a favor del establecimiento de una república.
En agosto de 1930, todas las fuerzas contrarias a la monarquía firmaron el conocido como Pacto de San Sebastián, por el que se pretendía acordar la estrategia para acabar con la monarquía y proclamar la Segunda República. La dimensión del descontento era tal que, finalmente, el pacto no solamente fue firmado por los partidos republicanos, sino también por partidos nacionalistas catalanes y socialistas.
Posteriormente, el 12 abril de 1931, se celebraron elecciones municipales y en las principales capitales de provincia ganaron los partidos republicanos.
Pese a tratarse únicamente de unas elecciones municipales, el resultado se interpretó como un sondeo de cara a unas futuras elecciones generales. Por ello, ante el resultado electoral y el gran descontento social con la monarquía, dos días después de los comicios, Alfonso XIII decidió marcharse de España (2) y, automáticamente, el día 14 de abril de 1931 se proclamó la Segunda República.
Fue ya a partir de diciembre de 1931, con el paso del gobierno provisional de Niceto Alcalá Zamora, integrante del partido Derecha Liberal Republicana, al primer gobierno republicano electo, una coalición republicana-socialista liderada por Manuel Azaña, cuando se celebraron las Cortes Constituyentes y se redactó la Constitución de 1931, con la cual se pretendía la modernización del país, avanzando hacia la democracia y la defensa de los derechos humanos.
Como se ha indicado, bajo el modelo republicano, se integraban muchas ideologías políticas distintas y no solo los partidos de izquierdas. Ello generaba entre las izquierdas una gran sensación de desconfianza y rechazo ante la posible entrada en el gobierno republicano de fuerzas de derechas, pues querían evitar la pérdida de los valores e ideología de la República.
Este es el contexto político en que se sitúa el debate sobre la inclusión del sufragio universal femenino al texto de la Constitución. Se temía que con la entrada de las mujeres en el censo electoral, el sentido de los votos en las futuras elecciones afectara a la República.
- EL ESTADO Y EL DEBATE SOBRE EL SUFRAGIO FEMENINO
El avance que supuso la República hacia el reconocimiento y defensa de los derechos humanos y la organización democrática del Estado era evidente. Los ideales que se defendían con ella eran la democracia y el parlamentarismo; la igualdad de derechos y la eliminación de los privilegios nobiliarios; el laicismo del Estado; la educación pública y universal; la justicia social y laboral; e incluso la descentralización territorial. Sin embargo, había un extremo que todavía se resistía: el sufragio universal femenino.
Hasta octubre de 1931, solamente estaba vigente el sufragio universal masculino, aprobado el año 1890, lo que suponía mantener un reducto de la legislación del régimen político de la Restauración borbónica.
El sentimiento entre los diputados de izquierdas del gobierno republicano en relación con el voto femenino era predominantemente contrario, y no solamente por razones políticas. Había quienes consideraban que la mujer debía empezar a votar a partir de los 45 años, pues era el momento en que empezaba a contar con la suficiente madurez. Había otros que sostenían que la mujer tenía una debilidad psíquica y de voluntad; una debilidad de inteligencia que le impedía votar según sus propias convicciones.
Paradójicamente, todos los diputados de derechas apoyaban el voto de la mujer, pero no por convicciones de igualdad, sino por conveniencia política. Creían que, de esta forma, al considerar que el voto de la mujer vendría influido por sus maridos y por la Iglesia, a través de sus confesores, se harían con el gobierno de la República.
Este era el estado del hemiciclo el día 1 de octubre de 1931, el día en que dos mujeres (3) que compartían el mismo ideal en relación con el sufragio femenino se vieron enfrentadas en el debate sobre su inclusión en el texto constitucional.
De una parte, Victoria Kent, abogada y diputada del Partido Radical Socialista, quien, pese a defender también el derecho a voto de la mujer, consideraba que aún era pronto para ello; que las mujeres todavía no estaban preparadas para votar. Era necesario que transcurrieran unos años de República. Las mujeres necesitaban unos años de preparación y de educación hasta llegar a reconocer los beneficios de la República.
En su discurso, Kent puso de manifiesto:
“Que creo que no es el momento de otorgar el voto a la mujer española. Lo dice una mujer que, en el momento crítico de decirlo, renuncia a un ideal.”.
“Sres. Diputados, no es cuestión de capacidad; es cuestión de oportunidad para la República.”.
“En este momento vamos a dar o negar el voto a más de la mitad de los individuos españoles y es preciso que las personas que sienten el fervor republicano, el fervor democrático y liberal republicano, nos levantemos aquí para decir: es necesario aplazar el voto femenino. Y es necesario Sres. Diputados aplazar el voto femenino, porque yo necesitaría ver, para variar de criterio, a las madres en la calle pidiendo escuelas para sus hijos; yo necesitaría haber visto en la calle a las madres prohibiendo que sus hijos fueran a Marruecos; yo necesitaría ver a las mujeres españolas unidas todas pidiendo lo que es indispensable para la salud y la cultura de sus hijos. Por eso Sres. diputados, por creer que con ello sirvo a la República, como creo que la he servido en la modestia de mis alcances, como me he comprometido a servirla mientras viva, por este estado de conciencia es por lo que me levanto en esta tarde a pedir a la Cámara que despierte la conciencia republicana, que avive la fe liberal y democrática y que aplace el voto para la mujer.”.
“Entiendo que la mujer, para encariñarse con un ideal, necesita algún tiempo de convivencia con la República; que vean las mujeres que la República ha traído a España lo que no trajo la monarquía (...). Cuando transcurran unos años y vea la mujer los frutos de la República y recoja la mujer en la educación y en la vida de sus hijos los frutos de la República, el fruto de esta República en la que se está laborando con este ardor y con este desprendimiento, cuando la mujer española se dé cuenta de que sólo en la República están garantizados los derechos de ciudadanía de sus hijos, de que sólo la República ha traído a su hogar el pan que la monarquía no les había dejado, entonces, Sres. Diputados, la mujer será la más ferviente, la más ardiente defensora de la República”.
De otra parte, Clara Campoamor, también abogada y diputada del Partido Republicano Radical de Lerroux que formaba parte de la coalición republicano-socialista vencedora en las elecciones, defendía la necesidad de incluir el voto femenino en el texto constitucional de manera inmediata. Tal postura conllevó que su propio partido la abandonara y tuviera que enfrentarse prácticamente sola a todo el Congreso.
Campoamor defendiendo el voto femenino con argumentos como estos:
“Lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer. Creo que por su pensamiento ha debido de pasar, en alguna forma, la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos.”.
“Aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros.”.
“No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias. Salváis a la República, ayudáis a la República atrayéndoos y sumándoos esa fuerza que espera ansiosa el momento de su redención.”.
“La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo. No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante, aplicándose a sí misma la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella.”.
- RESULTADO DEL DEBATE Y CONSECUENCIAS POLÍTICAS
Pese al aislamiento de Campoamor, gracias a su discurso y retórica, así como al apoyo de los partidos socialistas, de los partidos de derechas, la minoría de partidos catalanistas y de algún miembro de su partido, el resultado del debate fue la aprobación del sufragio universal femenino por 161 votos a favor frente a 121 en contra.
De esta manera, España se unía a los países europeos pioneros en reconocer el voto de la mujer. Otros países como Italia, Francia o Bélgica, no aprobarían el sufragio universal femenino hasta después de la Segunda Guerra Mundial.
Al cabo de dos años de la inclusión del voto femenino, en 1933 se celebraron las segundas elecciones republicanas y las izquierdas republicanas sufrieron un gran revés. La Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), integrada por partidos de derecha y católicos, ganó las elecciones.
La lectura rápida e interesada que se hizo sobre el resultado de los comicios y, por ello, sobre la inclusión del sufragio universal femenino, fue que el voto de la mujer había generado ese resultado. Se consideró que se había producido el efecto advertido por Victoria Kent en su discurso.
Sin embargo, según Campoamor, el verdadero motivo que permitió la entrada de la derecha en el Gobierno fue la falta de organización de los partidos de izquierdas. El que había sido el bloque republicano-socialista en 1931, se dividió en muchas candidaturas aisladas y no había presencia de partidos de izquierda en todas las provincias.
En fin, se utilizó al voto femenino, y a la mujer, como chivo expiatorio para descargar la responsabilidad de la mala gestión política de los hombres. Y es que el efecto inocuo del voto femenino para la vida de la República se hizo patente en las siguientes elecciones. En los comicios de 1936 volvieron a vencer las fuerzas de izquierda, siendo el Frente Popular quien gobernaría durante los últimos años de República.
(1) Desde la crisis de ultramar con la pérdida de las últimas colonias en 1898, hasta los conflictos con Marruecos y el desastre de Annual en 1921.
(2) Alfonso XIII, para justificar su salida, pone de manifiesto: “Hallaría medios sobrados para mantener mis regias prerrogativas, en eficaz forcejeo con quienes las combaten. Pero, resueltamente, quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro en fratricida guerra civil”.
(3) Pese a que el derecho de la mujer a votar estaba en juego, el sufragio pasivo estaba permitido, de forma que las mujeres podían ser escogidas como diputadas.
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